Nathaniel
Tal y como esperaba, la verdad. No hubo ni un sólo ápice de cambio en lo que mi imaginación me llevó a recrear la escena que acababa de vivir. Estúpida, mocosa, niñata e inmadura. Así se mostraba, incapaz de afrontar lo que había hecho, incapaz de soportar el juicio de asesinato. Daba igual, iba a hacerlo. Tenía que hacerlo. Y si nadie la seguía, sería yo quien se ocuparía de ello -Esto sí que es un problema...- murmuró Connor a mi lado, siguiendo con la mirada la ruta que tomó la bruja para escapar al bosque
-No hay ninguna clase de problema- dije simplemente con serenidad
-Es una falta de respeto- se le oía preocupado -Van a castigarla-
-¿Y eso te importa, Reign?- le llamé por su apellido. Sabía que le intimidaba. Bajó la mirada al suelo sin saber qué más alegar -Su destino es, precisamente, ser castigada- sonreí -Voy a disfrutar con esto- me escabullí despacio entre mis hermanos y las sucias brujas que se dejaban llevar por el alboroto de la huida de la tal Leah, que parecía querer ser la protagonista de los acontecimientos un año más.
Al pasar entre el gentío haciendo gala de todo el disimulo y sigilo que era capaz de usar, me percaté de que los maestros y las maestras brujas estaban en pie de guerra contra las trifulcas -¡Basta, silencio!- clamaba Nikolai, alzando las manos -No toleraremos más distracciones. La joven debe tener, sin duda, una buena razón por la que apartarse de nosotros- aseveraba el Gran Maestro
-Y vosotras igual. Callaos, dejad de cuchichear y no os movais ni un centímetro. Encontraremos a Leah y la traeremos de vuelta ipso facto. Que nadie más perturbe los ritos de hoy ¿Está claro?- decía la rubia Jannis, mostrándose más severa que hacía un rato. Estaba claro que con ellos tan presentes poco podría hacer para pasar desapercibido, de manera que usé la magia. Me dibujé con el dedo un símbolo esotérico en la frente, aprendido hace años. Lentamente me fundí con el alrededor, me volví tan invisible como los sentimientos de las brujas. Así, todo era más sencillo. Iba a encontrar a Leah por mi cuenta... e iba a hacérselo pagar.
Bastian
-No sé por qué tenía la amarga sensación de que ocurriría algo así- las palabras de Bonnie eran claras pese a que hablaba en susurros
-¿Habéis tenido problemas?- preguntó Luca, interesado
-No... Quiero decir, sí, pero no esperaba que realmente llegara a escapar- suspiró -Leah no ha pasado el mejor año de su vida precisamente-
-Mató a William, no debe ser fácil llevar el peso del asesinato- Bonnie le disparó una mirada criminal a Luca
-No seas insensible- regañó
-Ni que me fuera a oír. Se ha pirado- se encogió de hombros y frunció los labios
-Deberíamos ir a buscarla- apunté tras un rato de silencio
-Deliras, tío- Luca me dio un codazo -Si tienes los huevos de irte tú también, apuesto lo que quieras a que Nikolai y los maestros te van a colgar del revés en uno de los puntos más altos del maldito mundo- Bonnie nos miró con extrañeza, como si acabara de decir un disparate. Yo sabía que Luca hablaba en serio y, que además, tenía razón. Eran capaces de hacerlo, pues no sería la primera vez
-Debemos escondernos entonces- proseguí
-Bastian, que te matan- gruñó Luca, viendo que definitivamente yo estaba hablando en serio -Tienes una carrera prometedora por delante. Eres el ojito derecho de Arthur, todos lo sabemos. No la cagues ahora. Podrías ser un gran hechicero y los maestros no toleran errores como este-
-Se trata de Leah, Lu- le miré a los ojos -Ella no...- bufé -No debe pasar por esto. Yo sé que no fue intencionado-
-Yo también quiero creer que fue un accidente Bastian pero no es suficiente. Es lógico que se sienta así- comentó mi compañero mientras yo miraba a la dirección que Leah había tomado
-Bastian tiene razón. No es justo. Ella no es culpable, maldita sea- terció Bonnie
-¿Y qué hacemos entonces? Salgamos al galope en busca de la pobre chica indefensa ¿Eso es lo que proponéis? Que no estamos de camping, capullos- se quejó Luca suspirando
-¿Dónde está Nathaniel y los suyos?- apunté entonces, al haber estado mirando alrededor y notar su más que agradable ausencia -No están-
-Incluso Connor ha desaparecido- notó Bonnie
-Esto no me gusta- sugerí, alzándome bien la capucha
-Eh, eh, eh ¿A dónde crees que vas?- llamó Luca en baja voz
-Voy a ayudar a Leah. Esos cabrones van tras ella-
Nathaniel
Pobre, pobre, pobre ovejita descarriada. Ni siquiera se esforzó demasiado en alejarse del todo de la zona del ritual. La encontramos, estaba allí. Falta de aliento, casi sollozante. Quizá el corazón estaba a punto de salírsele por la garganta a juzgar por su aspecto. Parecía distraida, distante, sin embargo ¿Estaba bajo el efecto de algún tipo de sustancia? Estando sola y siendo una bruja debía de habernos sentido, haber percibido la magia rodeándola de forma anormal y no obstante, allí estaba, sumida en sus pensamientos. Pobre diabla. Sucia asesina -¿Qué hacemos?- Morty, uno de mis afiliados, estaba detrás mía. Todo mi séquito me había seguido haciendo gala de la invisibilidad por igual. Hasta el bueno de Connor. Sabía que Leah había formado parte de su grupito de amiguitos super chachis de hacía más de un año y ahora, había abierto los ojos. En honor a él, decidí ofrecer un buen espectáculo, como venganza. También en el nombre de William
-Ahora veréis. Vosotros, simplemente, disfrutad- alcé una mano en dirección a Leah y cerré los ojos. Sonreí y dejé que mi mente escribiera el guión.
La chica se llevó una mano al rostro, quizá para limpiarse alguna lágrima escurridiza por su mohoso rostro. Ante ella se alzaba una figura conocida que no tardó en descubrir. Lentamente fue alzando la mirada hasta dar con el rostro del encapuchado que tenía en frente -¿Quién... quién eres? ¿Qué quieres?- preguntó con desidia -Déjame en paz, por favor- se abrazó a sí misma. Parecía disgustada. El encapuchado se quitó la prenda que protegía su rostro y se mostró tal como era. De piel mulata, ojos oscuros y profundos, brillantes. Atractivo, alto y algo fornido. William Dwells estaba ante ella. El hombre al que asesinó. Uno de mis hermanos hechiceros -¿Q-qué...?- pude ver cómo el rostro se le contrajo hasta una expresión de infinito dolor y angustia. Las lágrimas le brotaron esta vez sí como cataratas -¿Cómo...?-
-Leah- dijo William con rostro inexpresivo -He vuelto para vengarme-
-No es posible... No eres tú- señaló reuniendo valor -Tú... moriste...- su voz se quebró al decir aquellas palabras
-Porque tú me mataste. Me mentiste, me traicionaste. Me engañaste Leah- acusó William igual de monotono. Era un fantasma. No tenía sentimientos, más que el dolor y la ira de haber pasado al Otro Lado
-No puedes estar aquí- se abrazó a sí misma con más fuerza -Deberías irte. Esto es una mentra, un truco ¡Nadie te ha invocado!- acusó
-No necesito invocación para aparecerme ante la causante de mi muerte- William caminó hacia ella y ella, a su vez, retrocedió un paso. El fantasma alargó un brazo para tratar de agarrarla -Tú me condenaste a la fría eternidad, a los fuegos eternos del infierno. Lo he visto, Leah, por tu culpa. He perseguido los caminos insondables de la oscuridad, me he perdido y me he encontrado a mí mismo en una hilera de posibilidades en las que todas, sin remedio, me asolaban. He ardido en los fuegos, me he congelado en la ventisca. He sentido sus garras Leah- el fantasma derramó una única lágrima de sus ojos. Una roja, carmesí. Sangre recorriendo su bonito rostro y sin inmutarse. Su cara plana, sin pestañear, como un muñeco de trapo -El mismísimo señor de las sombras me agarraba, me clavaba sus garras, me sacaba las entrañas. Me mataste, me maldijiste. Me enviaste al infierno y los demonios y su señor devoraron todo cuanto quedaba de mí...- tras todo el discurso, Leah se mostraba en shock, anonadada, sin palabras. Pálida como la luna llena que nos regalaba la noche del Gran Fuego
-Estoy delirando ¿Verdad?- se llegó a preguntar. William se detuvo ante ella y entonces, de la misma forma que brotó una lágrima de sangre, su rostro comenzó a pudrirse, gangrenarse y desvaratarse como un castillo de arena cuando le azota el mar. Los huesos, la carne y los nervios comenzaban a mostrarse. Gusanos recorrían sus fibras musculares y cuencas oculares conforme sus ojos se descolgaban de su rostro
-Esta es la verdad- dijo con voz gutural el espectro de William -¡ES TODO POR TU CULPA LEAH!- el grito fue ensordecedor. Tanto, que agitó el espíritu de la chica y, a ciegas, echó a correr. Lo único que quedó tras su huida fueron mis carcajadas y las de mi seguidores. Deshicimos el hechizo de invisibilidad mientras me aplaudían ante el espectáculo. Deshice también la ilusión del falso fantasma de William. Esa maldita zorra no iba a olvidar jamás el daño que causó. Me ocuparía personalmente.
Bastian
Anduvimos largo rato buscando a Leah sin encontrar nada, ni a nadie. No había rastro de la chica, ni de Nathaniel ni los suyos. Quizá estábamos dando vueltas en círculos. Luca y Bonnie se ofrecieron por igual a venir conmigo. Fue un milagro que no nos pillaran. El tumulto y la vergüenza que había dejado Leah en su huida nos lo permitió, irónicamente -Este maldito bosque es un laberinto- se quejó Luca
-Es la idea, genio- suspiró la bruja -Así no es fácil en absoluto que cualquier intruso nos encuentre a mí o a mis hermanas-
-¿Y quién iba a querere encontrarse con un aquelarre de brujas?- bufó -En cuanto os vieran practicar ritos oscuros con vísceras de cabra saldrían corriendo-
-Te sorprendería, guapo, de lo que nos hemos llegado a encontrar por no tener la debida protección. No nos ocultamos precisamente de borrachos que se han perdido en el bosque. Entre estos árboles y sombras, hay ojos con poderes e intenciones mucho mas perversas que las de quemarnos en la hoguera o, en el peor de los casos, montarse un harem y violarnos a todas- Bonnie parecía hablar en serio. Incluso había un deje de miedo al pronunciar aquellas palabras. Ciertamente, el bosque era inquietante. A cada tantos metros recorridos, parecía oírse pasos, susurros y lamentos que provenían de ningún lugar
-¿Oís eso?- dije entonces, deteniendo la marcha. Voces. Esta vez voces claras. Y familiares -Eh... Son ellos- apresuré el paso
-¡Espera, Bast! Maldito capullo- se quejó Luca siguiéndome junto a Bonnie.
Encontré a Nathaniel y los suyos regresando con sonrisas bobas en sus labios de vuelta a las hogueras. Me planté frente al líder rubio y le miré incapaz de ocultar la rabia -¿Dónde está? ¿Qué le habéis hecho?-
-Vaya, vaya, vaya. Capitán Mimado al rescate- se burló Nathaniel alzando las manos como si se rindiera a un gran poder, sarcástico -Respetad al bueno de Bastian o papaito Arthur vendrá a darnos unos azotes-
-Escucha gilipollas- le agarré de la capa cerrada al cuello y lo acerqué a mí. No solía ser agresivo, pero hablábamos de Leah -Si le has hecho el menor daño, te juro por el Gran Astado que...-
-¿Qué?- me sonrió tan ampliamente que mostró sus perfectos dientes. Sentí deseos de reducírselos a cenizas a base de golpes -Te veo muy valiente hoy Bastian, para no tener a tu protector cerca- la sonrisa se le fue tensando. Me agarró por igual del cuello de la capa -Venga, suelta la hostia. A ver qué tan bravo eres una vez me des motivos para devolvértela- sus ojos parecían enloquecer. Dejó de sonreir. Fruncía los labios con ira -Venga. Dame motivos, hijo de puta. Llevo años esperando el poder darte la paliza que te mereces ¿Te crees intocable por destacar para los maestros, eh? Enséñame lo grande que eres ¡Vamos!-
-Basta, basta. Por favor- Connor. Tenía que ser él. Nos separó a ambos con un suave empujón -Somos hermanos. Somos hechiceros. No debemos pelear entre nosotros- dijo, esperanzado, en un hilo de voz
-¿Qué pasa, eh?- llegaron Luca y Bonnie -¿Queréis gresca, capullos? Os voy a dar ración doble de chocolate- dijo alzando los puños en posición de pelea
-Me va el chocolate blanco, gracias- puntualizó Nathaniel hiriente -El negro me da asco- sus seguidores rieron
-Oh, tío. Ahora sí que te has ganado una-
-¡Por favor!- concluyó Connor -¿Es que no podemos comportarnos como personas maduras?- suplicó
-Habla por ti- gruñó Luca -Has decidido mezclarse con la guardería- los señaló con un movimiento de cabeza -Eres simplemente uno más-
-Yo...-
-Connor... ¿Dónde está Leah?- preguntó Bonnie con rostro macilento -¿Qué le habéis hecho?-
-Pasando. Tira, Connor- ordenó Nathaniel pasando de largo de nosotros, no sin chocar el hombro conmigo en una última pueril demostración de orgullo. No se alejaba demasiado de los típicos abusones de escuelas mundanas. La frase de "Dios los cría y ellos se juntan" no podía ser más cierta. Connor, sin embargo, se quedó atrás un instante
-¿De qué vas?- preguntó Bonnie de nuevo -¿Qué haces juntándote con Mister Dictador y los fantásticos dictadorcitos?- señaló la bruja, molesta -Tú estás por encima de esto, estás por encima de ellos. Eres mejor persona que ellos- Connor miraba al suelo
-Eres una estafa- dijo simplemente Luca cruzándose de brazos -Qué puta decepción, colega-
-¡Connor!- llamó de lejos la voz de Nathaniel
-Dinos dónde está Leah- le agarré del brazo antes de que se marchara cuando pasó por mi lado. No me miró a los ojos -Te juro que si le habéis hecho daño, Connor, incluso a pesar de los viejos tiempos, me la pagaréis. Todos. Tú incluido-
-No le hemos hecho daño...- suspiró -Siguió esa dirección- señaló -Está asustada. Tal vez deis con ella- resumió -Lo... Lo siento mucho- se soltó con suavidad y echó a caminar. Me limité a ignorarle por completo y a seguir el sendero que nos señaló. Si le había pasado algo a Leah... me ganaría el castigo del Círculo a pulso, por una buena razón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario