Leah
Conforme caminábamos de vuelta al festejo, empezaba a imaginarme haciendo las maletas y marchándome del aquelarre antes de tiempo. La edad en la que se consideraba a las aprendizas capaces de tomar el propio rumbo de su vida sin recibir mas restricciones, eran los veinte años. Yo iba a despedirme de todo ello a los diecisiete, con la cara repleta de vergüenza y un expediente lleno de sanciones. ¿Qué iba a decirle a mis padres cuando regresara a casa? ¿Con que cara iba a conocer a mis progenitores, los cuales me entregaron al aquelarre a los cuatro años con esperanzas de que me convirtiese en una bruja experta?
Bastian y yo cargábamos como podíamos a aquel hombre que parecía haber vuelto de entre los muertos. Su peso era demasiado para nosotros dos, de manera que andábamos por el bosque a tropezones, incapaces de seguir los pasos de forma recta y encontrándonos al borde de una caída por un par de veces. Por su fuera poco, el hombre apestaba. No olía a sudor, a alcohol o a perfume barato. Olía a muerto, a pútrido. Una mezcla de estiércol y humedad incapaz de ser asimilada durante mucho más tiempo por mi nariz.
Se me escapó una arcada y el cuerpo del hombre se me resbaló del brazo, de forma que Bastian tuvo que hacer un sobre esfuerzo para impedir que cayese. —Lo siento, lo siento, lo siento — me disculpé, volviendo a pasar el brazo de aquel zombie por detrás de mi cuello. —Es que huele demasiado mal.
— Huele casi igual que las habitaciones del grupo de hechiceros de quince años en pleno verano — explicó Luca.
— Puaj — A Bonnie se le escapó otra arcada. — ¿De donde diantres habrá salido este tío?
— No es nuestro terreno. Sois vosotras las encargadas de estas tierras — replicó Luca.
— ¿Y que tiene que ver? Este tipo tiene mas pinta de hechicero que de otra cosa. ¡Hizo magia! ¿Seguro que no se trata de uno de vuestros profesores? ¿Alguno que sea un poco despistado y se haya caído al hoyo?
— Ni de coña. No tenemos tan mal gusto vistiendo — Luca señaló con el dedo a los harapos que el hombre vestía. Les eché un vistazo como pude. La ropa estaba destrozada y raída; amarillenta y llena de polvo. No parecía ropa común, pero tampoco estaba segura de poder afirmarlo con rotundidad. El hedor no me estaba dejando pensar muy bien.
— ¿Nos castigarán más por llevarlo o por dejarle aquí?— pregunté repentinamente. En segundos, la mirada de todos se clavó en mi. Parecía que estuviesen esperando que hablase durante horas, como si por fin hubiese roto el huelo.
— No creo que sea malo que le llevemos con los demás. Está... casi inconsciente. No recordará nada en caso de que los profesores prefieran deshacerse de él — explicó Bonnie. Era una chica demasiado inteligente, de forma que cualquier afirmación suya conseguía calmarme.
— Eso no resta que recibiremos todos un castigo por habernos escapado... — Bastian parecía mucho más inseguro. Tenía la voz apagada y sus ojos lucían cansados. Quizá la magia defensiva que había invocado había sido demasiado para él.
—¿Por qué vinisteis? — pregunté con una mezcla entre curiosidad y miedo. El silencio se estableció por completo entre nosotros, únicamente roto por los murmullos del hombre que cargaba, quien parecía querer volver a recobrar su propia conciencia, pero no podía. Luca, Bonnie y Bastian se miraron entre ellos, como si buscasen una respuesta común.
— Vinimos a por ti. Te vimos huir y después observamos como Nathaniel y los suyos te siguieron. Sabíamos que iban a por ti— explicó Bastian. De repente, algunas piezas ne mi mente empezaron a encajar.
— ¿A por mi? ¿Entonces...?
— ¿Qué te hicieron? — preguntó Bonnie.
— Nada, directamente. Pero... Vi... Creí ver a alguien — Por un momento había olvidado el encontronazo con William. Había sido lo suficiente traumático como para olvidarlo, pero dar de bruces con un cadáver viviente lo superaba todo. —Creí ver a William.
— Hijo de puta — gruñó Luca.
— ¿Fue él?
— Claro que fue él. Es una de sus especialidades. En otra circunstancias es imposible encontrarte con un muerto en mitad del bosque — Luca calló de repente. Echó una mirada al hombre que cargábamos y rectificó — Bueno, ya me entiendes.
Las palabras del chico me sentaron como un vaso de agua fría sobre la cabeza. Con Bonnie ya me había explicado suficiente, pero no con Bastian y Luca. Por el silencio que continuó, intuí que esperaban alguna clase de respuesta por mi parte, aunque fuese un asentimiento. Decidí tomar aire. Era el momento de explicarme.
— Yo... no le asesiné—
— Lo sabemos, Leah. Te conocemos — explicó Bastian.
— Pero os debo una explicación. Todo ocurrió muy deprisa. En cuanto me di cuenta de lo que había hecho... llamé a los profesores y ellos dieron por finalizada la fiesta. Os llevaron de nuevo a vuestra residencia y yo... no pude deciros lo que paso.
—Ni si quiera es necesario. Los profesores ya lo han explicado. Para clamar la ira y esas cosas que Nathaniel parece no entender — afirmó Luca mientras lanzaba una mirada cómplice a su compañero, como si buscase que sus palabras fuesen respaldadas.
— Aun así... Quiero contar mi versión — insistí. Pero entonces, el hombre pareció espabilarse. Alzó la vista con ojos totalmente perdidos. Pisó el suelo con sus pies descalzos, apoyándose y frenándonos.
— ¿Donde estoy?... ¿Qué hacéis conmigo?
— Me temo que tu explicación va a llegar en otro momento. El tío esta despierto — Tras las palabras de Luca, detuve el paso, agotada.
— Esto ha sido culpa mía — afirmé. Miré la arboleda que continuaba frente a nuestras narices. No quedaba demasiado para llegar al lugar del festejo, pues una enorme columna de humo se alzaba por encima de la copa de los árboles, indicándonos el camino. — Dejadme a mi... yo lo voy a explicar.
— Vinimos a por ti. Te vimos huir y después observamos como Nathaniel y los suyos te siguieron. Sabíamos que iban a por ti— explicó Bastian. De repente, algunas piezas ne mi mente empezaron a encajar.
— ¿A por mi? ¿Entonces...?
— ¿Qué te hicieron? — preguntó Bonnie.
— Nada, directamente. Pero... Vi... Creí ver a alguien — Por un momento había olvidado el encontronazo con William. Había sido lo suficiente traumático como para olvidarlo, pero dar de bruces con un cadáver viviente lo superaba todo. —Creí ver a William.
— Hijo de puta — gruñó Luca.
— ¿Fue él?
— Claro que fue él. Es una de sus especialidades. En otra circunstancias es imposible encontrarte con un muerto en mitad del bosque — Luca calló de repente. Echó una mirada al hombre que cargábamos y rectificó — Bueno, ya me entiendes.
Las palabras del chico me sentaron como un vaso de agua fría sobre la cabeza. Con Bonnie ya me había explicado suficiente, pero no con Bastian y Luca. Por el silencio que continuó, intuí que esperaban alguna clase de respuesta por mi parte, aunque fuese un asentimiento. Decidí tomar aire. Era el momento de explicarme.
— Yo... no le asesiné—
— Lo sabemos, Leah. Te conocemos — explicó Bastian.
— Pero os debo una explicación. Todo ocurrió muy deprisa. En cuanto me di cuenta de lo que había hecho... llamé a los profesores y ellos dieron por finalizada la fiesta. Os llevaron de nuevo a vuestra residencia y yo... no pude deciros lo que paso.
—Ni si quiera es necesario. Los profesores ya lo han explicado. Para clamar la ira y esas cosas que Nathaniel parece no entender — afirmó Luca mientras lanzaba una mirada cómplice a su compañero, como si buscase que sus palabras fuesen respaldadas.
— Aun así... Quiero contar mi versión — insistí. Pero entonces, el hombre pareció espabilarse. Alzó la vista con ojos totalmente perdidos. Pisó el suelo con sus pies descalzos, apoyándose y frenándonos.
— ¿Donde estoy?... ¿Qué hacéis conmigo?
— Me temo que tu explicación va a llegar en otro momento. El tío esta despierto — Tras las palabras de Luca, detuve el paso, agotada.
— Esto ha sido culpa mía — afirmé. Miré la arboleda que continuaba frente a nuestras narices. No quedaba demasiado para llegar al lugar del festejo, pues una enorme columna de humo se alzaba por encima de la copa de los árboles, indicándonos el camino. — Dejadme a mi... yo lo voy a explicar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario